Es sábado de madrugada y me despierta el canto de un hombre por un altoparlante.

El cura (o como se le diga al señor que oficia la misa musulmana, o como se le diga a la celebración musulmana diaria) realiza la plegaria cantada despertando a todo el barrio y obligando a los no musulmanes a que lo oigan sí o sí, o según otro punto de vista, compartiendo las oraciones con el resto de la comunidad.

Hablemos del Islam sin saber.

La religión oficial de Malasia es el islamismo.
Mi experiencia en el mundo musulmán es ínfima. No sé cuáles son las bases del islamismo, no sé cómo se llaman sus dioses ni sus celebraciones, salvo el Ramadhan, el mes de ayuno y purificación que este año comienza a fines de mayo. Tampoco sé con exactitud cuál es la razón por la cual todas las mujeres que profesan el islamismo deben llevar sus cabellos tapados, ni mucho menos sé con exactitud por qué algunas de esas mujeres eligen, además de cubrirse el cabello, cubrirse el rostro, y todo su cuerpo, salvo los ojos, con la famosa burka. No lo sé con exactitud, pero me cuesta aceptarlo. Me cuesta la religión en cualquiera de sus formas, siempre me costó, sin embargo, creo en una energía creadora que es hermosa y está hecha del amor. Y no creo que esa energía creadora nos inculque la vergüenza por nuestro propio cuerpo y por nuestra sexualidad. Me cuesta aceptar que las mujeres en una sociedad musulmana no tengan derecho a vestir como quieran ni a mostrar sus brazos, o su cabellos a quien quieran, sé que es elección propia, pero, ¿hasta qué punto las decisiones que tomamos en maza, en relación a una tradición, son elegidas conscientemente?

Me cuesta que, en los lugares mas ortodoxos, una mujer no pueda tomar una copa de vino en público, sólo por el hecho de ser mujer y tener una genitalidad (y todo lo que eso conlleva en la historia del género como hecho social) diferente a la del hombre. Me cuesta que en una piscina pública las mujeres no puedan usar traje de baño y tengan que bañarse vestidas, al lado de varones que muestran sus panzas, sus pechos peludos y a veces, hasta un poquito la raya de la cola…me cuesta cuando me toca a mi, bañarme vestida…me siento rara, confundida, siento que hay algo que está equivocado.

Me pregunto por estas diferencias culturales-religiosas, tengo muchas mas preguntas y dudas y esto recién comienza, pero como soy ansiosa, me animo a hacer un esbozo de esta experiencia musulmana por escrito, para compartir y sanar cualquier tipo de recelo que pueda tener, cualquier tipo de enojo feminista, para entender y no perderme entrar a una mezquita porque siento que es injusto que las mujeres tengamos que taparnos y los varones no.

Ya tendré la oportunidad de hablar con mujeres y me cuenten por qué, me cuenten qué se siente vivirlo desde adentro, elegirlo, conscientemente o no. Ya tendré la oportunidad.

También me pregunto por ese video que circuló hace poco en youtube, mostrando el pleito entre unos policías y unas chicas tomando sol en tetas, en Necochea, me digo: cuán lejos que estamos acá en malasia de que acontezca algo así, si es que alguna vez acontece (no teniendo por que acontecer). Qué realidades tan diferentes, en mundos diferentes dentro de un mismo mundo, con humanos tan diferentes, pero almas tan iguales a la vez.

Soy una mujer un poco feminista, no religiosa y casi anarquista transitando la vida en una sociedad musulmana, por primera vez, y me lleno de dudas.

No creo que me acostumbre, como me paso en Japón que a la semana ya me había acostumbrado un poco a todo lo nuevo de la sociedad. Esta vez no creo que me acostumbre a ver mujeres que caminan al lado mío tapadas de pies a cabeza, con una tela negra, con 35 grados centígrados, no lo creo.  Pero son suposiciones…la vida sigue acá en Malasia y mañana nos invitaron a una boda malaya, seguramente deba cubrirme toda toda y hasta alguna hermana musulmana me preste su hiyab*.

Por otro lado, el gran coche cultural, más allá de todo islamismo, que una mujer puede experimentar al salir de Japón y llegar a Malasia son…los baños. Si señores…es demasiado abrupto pasar de toda la tecnología escatológica japonesa, con sus papeleros con sensor, sus bidets electrónicos, que tienen un chorro para la cola y otro para las nenas, su música oculta-ruidos pedorros y su fantástica limpieza, aún en el baño más público que encuentres, a los baños de malasia, que son los que una, como latinoamericana, experimentó siempre, pero con letrinas y una manguera que hace las veces de bidet, el piso por lo general inundado y el papel higiénico, si te he visto, no me acuerdo…por favor, cómo extrañé Japón los primeros tres días. Ahora, volví a ser yo, que te haces la fina si creciste en Latinoamérica, en este sentido, estamos en casa.

Por otro lado, podemos decir que el autoestop parece funcionar en este país, y ya en pocos días, nos disponemos a salir de la capital para conocer la verdadera Malasia tropical de islas paradisíacas.

Terima Kasih**

*Velo que cubre la cabeza y el pecho que suelen usar las mujeres musulmanas desde la edad de la pubertad, en presencia de varones adultos que no sean de su familia inmediata, como forma de atuendo modesto.

**Gracias