Volamos catorce horas desde la ciudad de México, en una cápsula espacial irrefrenable que nos condujo al futuro.

No se vale escribir desde la normalidad, ni contar lo magnífico que estuvo el vuelo sin turbulencias y con fila de asientitos para dormir la mona. No se vale perder tiempo contando nimiedades, cuando lo más importante es todo lo demás.

Tengo tanto para expresar que no sé por dónde comenzar, se me mezclan los acontecimientos y siento que es que experiencia mucho más visual que literaria. Mucha información para procesar, muchos parámetros rotos.

Salimos del aeropuerto en una especie de subway ultra limpio y rápido. Los suburbios de Tokyo, a diferencia de lo que pasa en las afueras de las capitales latinoamericanas, son limpios y ordenados: no se ve basura. Repito: en Japón no se ve basura en ningún lado. Es algo tan simple, tan sencillo y tan claro, pero que a la vez debería ser lo común allí a donde uno vaya, no?

Al bajar en la estación Aoto, nos recibió Junko, nuestra anfitriona de CouchSurfing, con sonrisa y abrazo, había venido a buscarnos en su bici y, juntos, caminamos hasta su casa. Inmediatamente me sentí en una maqueta o en lo que imagine podría ser un estudio de cine. Pequeñas callecitas sin veredas, muy poca gente, tranquilidad y silencio. Mucha bici, muchas plantas en las puertas de negocios y casas y, de vez en cuando, una máquina expendedora de bebidas acompañaba la puerta de una casa.

La casa de Junko es bajita y acogedora. Minimalista, adornos verdes, hiper limpia y ordenada. Nuestra habitación tienes la camita desarmable típica de las casas japonesas y es todo eléctrico: el agua de la ducha se regula con botoncitos, la hornalla se prende con botoncitos, todo en Japón es un botoncito limpio, ordenado y super amable.

Felicidad, asombro: dos sensaciones que buscaba hacía mucho tiempo.

Olvidándonos del jet lag, fuimos a pasear a Asakusa y a comer algo por ahí.

Día 1: Asakusa, Skytree y Senso Ji Temple.

Me cuesta un poco escribir contando experiencias. Creo que estoy tan impresionada y “flasheada” por todo que más que nada me salen frases sueltas acerca de lo que vi y experimenté. Intentemos así (la sinceridad al palo):

  • Conversando en el comedor de la casa de Junko y su husband Mojito, cae la primera ficha: qué onda esto? estoy en una casa japonesa, hablando con dos japoneses porque recién llegué a Japón. Estoy en Japón, al otro lado del mundo, en un país totalmente diferente, cómo se vive acá? somos diferentes, tenemos otra realidad, y eso nos cambia la percepción (marxista al fin), pero no dejamos de ser iguales y de estar hermanados por un sólo corazón. No te olvides que esta es la finalidad del viaje, descubrir fotográficamente ese hilo rojo que nos une a todos los humanos, porque todos somos uno, acá en Japón y en México y Argentina con medio día de diferencia también.
  • Las bicis no usan candado: tienen una llavecita en el freno de atrás que les genera una traba, y así las dejan apoyadas en cualquier lado.
  • Cartelito de “prohibido fumar en la calle”, y fotografía al instante.
  • Todo viene embolsado o en canastitas de plástico, los mangos, uno a uno, las hojas de lechuga en bolsita. Todo.
  • Mucha diversidad culinaria: fuimos a comer a la plaza que hay debajo de la Skytree y no habríamos sabido que elegir, si no hubiera sido por Junko, que fue nuestra traductora oficial.

En fin, esto es más que nada para no olvidar la sensación de locura y asombro que me invadió ayer durante todo el día, eso de caer a cada rato, mirarnos y decir: estamos en Japón, con los ojos desorbitados y la felicidad felicitándonos por abordarla una vez más.

Tokyo Skytree