Dieciochomilquinientoscincuentayun días sin escribir.

La vertiginosa soledad de encontrarse en permanente viaje.

Los infinitos no lugares atravesados por el ser, son solo eso, pero se van sumando en el interior y de repente todo es efímero, todo se va, se va se fue (Drexler).

Somos muchísimos animales habitando el mundo.

Ella se sube a un auto desconocido, en un país desconocido y eso,

de alguna manera, le arremete el alma con una sensación de paz y familia. Estamos solos, pero no. La vertiginosa soledad de encontrarse en permanente viaje, se aplaca por segundos en los que, con la ayuda de un completo extraño, nos acercamos a destino.

El esboza palabras sin sentido y juega un juego mudo de comprensión humana. De repente, la palabra “bananas” dicha fuera de contexto hace detonar una risa genuina, como esas que ya no tiene. Y entonces, la vertiginosa soledad de encontrarse en permanente viaje, se va a dormir en el talón derecho, ese que te lastimaste con la bicicleta. Se va a dormir, una siesta.

Casi por obligación, una mujer morena y adulta, es conducida por aquel otro a cenar sola y emborracharse. Casi por obligación, la invitación. Cenar sola es, entonces, la excusa perfecta para que ella escriba. La miro desde la ventana de mi habitación, en un barrio solitario de Asia. Estamos en Tailandia, pero sus ojos no son tan pequeños. Parece europea, quizás española. La morena escribe frenéticamente en su celular, de vez en cuando se acuerda que aún tiene el plato de arroz y verduras lleno, y prueba un bocado. De la cerveza que se calienta a su lado no se olvida. Bebe continuamente. Sabe con certeza que con 620 ml de Chang la cosas comienzan a percibirse de manera un poco diferente y eso le gusta casi tanto como el fried rice with vegetables. Le gusta porque la vertiginosa soledad de encontrarse en permanente viaje comienza así, a transformarse en un poco de arte. Por qué será tan adictivo? se pregunta. Será el aceite, será el veneno, será el contexto?
(Luego de mucho tiempo durmiendo, despertó para corroborar que el sol seguía poniéndose por el oeste)

No sabemos si son pareja, no sabemos si son amigas, sólo sabemos que ambas saben conducir. Tenemos la constante necesidad de clasificar a las personas, somos un grupo humano adyacente y periférico que ama la dualidad de pensamiento. Damos por sentado que una mujer con la mitad de la cabeza rapada es gay. Ellas, ¿darán por sentado que nosotros, por ser rubios y grandotes, somos gringos adinerados? Pues se equivocarían. No somos más que rusos y campesinos y llegamos hasta aquí engañados, creyendo que este era un país de pura playa. Jamás se nos ocurrió mirar en el mapa, somos campesinos, que va. Nos encanta rentar tuk-tuk para conocer el mundo, le decimos que no a la caminata bajo el sol porque una vez nos dejó feas marcas rojas en nuestros cuerpos blancos, blancos. No sabemos si son pareja, pero míralas, como sudan al comer. Sí que les gusta el picante a estas tailandesas, eh.