A veces las palabras se tornan antisociales, les cuesta juntarse entre ellas, ni siquiera para tomarse unos mates.

Cuesta convencerlas, es más, no vale la pena intentarlo. La insistencia es algo que determina aún más su hermetismo.

Mis palabras son muy de instintos, ellas deciden cuando salir, orgiásticas, a romper el silencio con bombas molotov. Son piqueteras, cortan las rutas de mi cuerpo, impidiendo la libre circulación de la sangre. Mis burgueses glóbulos rojos (cualquier símil con lops globos amarillos, es pura coincidencia), protestan, se quejan, quieren circular, no entienden que es menester para mis palabras hacerse oír.

Tengo una contradicción social arremetiéndome el pecho.

Quizás logre respirarla, exhalarla y disolverla con pensamientos de amor, pero sé, lo siento, me conozco, que una nueva nacerá, justo en el momento en que mis palabras dejan de ser embriones.

Es mi vida, analítica y literaria. Es mi vida, dicotómica y amotinada.